Un mundo en el que las personas conviven con monstruos con poderes de la naturaleza. Poderes basados en todo tipo de habilidades, y mediante los que pelean con otros bichos para vencer en una competición. Una idea que, sumada a miles de diseños que me encantaban, entró de pleno en mi vida.
Seguí viendo la serie y resultó ser un boom en, al menos, las clases de parvulario. Me aprendí el opening de memoria (y a día de hoy sigue clavado en mi cerebro) y en cuestión de semanas me volví un auténtico fan de la serie. Ahí apareció también una criatura que adoré desde el primer momento: Charizard. Aunque supongo que encontrar seguidores de ese bicho es lo más habitual del mundo. Pero meh, me encantaba. Tenía un cromo gigante con una imagen suya, e incluso mi padre me compró un muñeco de Charmander, su primera evolución.
Y, aunque ese Charmander estrenó la colección de figuritas, con el tiempo muchas más fueron llegando a casa, y con las que jugaba habitualmente con mi hermana (la que también se convirtió en otra gran fan de la serie). Curiosamente, y aunque antes ya hacía garabatos, Pokémon ha sido una de las razones con mayor peso que me impulsaron a dibujar. Junto con mi hermana creamos los Rokémon. franquicia que poseyó miles de dibujos, cómics y diseños tan originales como Rikachu. Más adelante nos encontramos con un compañero de clase que había tenido la misma idea. Nos resultó totalmente inexplicable y creíamos que nos había plagiado. Y con razón.
Aunque mi fiebre no terminó aquí, no.
Pokémon, tras su enorme éxito, no iba a quedarse con los brazos cruzados y, un tiempo después, salió la segunda generación de la franquicia. Aunque antes de probar los videojuegos o siquiera ver la temporada correspondiente del anime, tanto en la primera como en la segunda película de la saga pudimos ver algunos monstruos adelantados a su generación. En general me gustaron mucho, aunque sin duda, el que más me atrajo fue:
Lugia. Me enamoré de ese bicho nada más verlo, y a día de hoy lo sigo adorando. ¿No es precioso? Me pasaba el día dibujando Lugias, y llegué a ganarme reputación en clase por ser alguien que "lo dibujaba perfectamente". Más de una vez recibí pedidos de otros niños para que les dibujara uno.
Con la llegada del anime la cosa siguió su curso. "The Johto Journeys", con una ambientación mucho más acogedora, nuevos Pokémon con un estilo que me gustaba 10 veces más, y un Lugia que aparecía en los primeros segundos del opening, no hicieron más que aumentar lo que ya se conocía como fiebre Pokémon. Y a los 6 años y ya con la capacidad de leer, una Game Boy Color y un Pokémon Edición Plata llegaron a mi casa.
Encendí la consola. Vi la introducción, con ese Lapras surcando el mar y un Charizard lanzando llamas al final. Me encantó. Luego la silueta negra de un Lugia nadando bajo el mar. Intenté controlarlo con la cruceta, aunque no ocurrió nada. Efectivamente: no tenía ni puñetera idea de qué iba el juego. Mi motivación para pedirlo fue que era de Pokémon y había un Lugia en la portada.
Al final, tras pulsar botones al azar, empezó el videojuego. Me preguntaron por mi nombre y puse Plata, pensando que sería la respuesta correcta o algo así. Luego me convertí en persona (¿¡Qué!? ¡Yo quería ser un Lugia!) hasta que me "tocó" un Cyndaquil (no, no sabía que se podía elegir). Y entonces lo comprendí todo: ¡en este videojuego yo iba a hacer de Ash!
Y empezó el vicio. Capturando bichos aleatoriamente y quedándome encallado en miles de lugares por no leer. Aunque al final pude completar la Liga tras muchísimas horas de juego. ¡Y lo emocionante que fue capturar a Lugia! Luego Kanto, Rojo, y subí un bicho al 100. Horas y horas que quedaron metidas en ese cartucho... que desgraciadamente, años después se le agotó la pila interna y perdió la capacidad de guardar.
Tras completarlo y jugar durante bastante tiempo, mi atracción por los videojuegos se apagó. Salió la Game Boy Advance, pero mis padres no nos la quisieron comprar, lo que concluyó en que nuestro interés por Pokémon se basara en los muñecos, dibujos y la serie. Siempre había gente con quien poder hablar y a quien le gustarían mis dibujos y me pedirían que les dibujara Lugias, así que yo era feliz. Luego también, por puro azar, conseguí esto:
Es fabuloso. Ese Lugia lo encontramos en un mercadillo de un pueblo perdido, y jamás llegué a verlo de forma más "oficial" en ninguna tienda. Como se ve la foto es enorme, más aún si eres un niño de 7 u 8 años.
Cuando tenía 8 o 9, pudimos volver a tocar los videojuegos con la llegada de GameCube (que en realidad, 3 años sin una consola nueva no son nada, pero lo recuerdo como una eternidad), y con ella Pokémon Colosseum con unos geniales gráficos 3D en contraste con la GameBoy Color. Al poco tiempo pude conseguir una DS y un Pokémon Esmeralda y más o menos a partir de ahí pude ir probando la mayoria de juegos de la saga (y de fuera de ella) de forma regular.
¿Y qué ocurrió en cuanto a dibujo? Entre los 9 y los 10 años empecé y terminé un cómic de Pokémon que tuvo bastante éxito entre los compañeros de mi clase. Iba sobre Pokémon que se juntaban entre ellos para ganar medallas de una región inventada y algunos bichos creados por mí. Fue mi "tercer cómic" de novato novatísimo.
También inventé un mecanismo para crear una Pokédex con cartón que fue una revolución "tan grande" que consiguió que un par de chicos de 6º de primaria (yo estaba en 5º) se interesaran por ella. Ya os hablaré de ella en otra ocasión.
Por otro lado, en lo que a Pokémon se refiere, me volví muy fan de los "Manuales de Entrenador", que contenían fichas con bastante información de todos los Pokémonque trataban. Esos libros los releí muchísimas veces y ya están para el arrastre con más páginas despegadas que juntas. Y como me gustó la idea, y aprovechando "el universo" que creé con el cómic, decidí hacerme una guía propia con nuevos diseños míos inventados.
Y acercándome a lo que sería 1º de ESO (12 años, aunque empecé antes) empecé a convertir mi idea en algo más sólido. Rehice varios diseños, me trabajé una región e incluso hice mapas de "mis videojuegos" muy cutremente con Photoshop. Y cuando creía que no podía hacer mucho más, descubrí el magnífico mundo de RPG Maker en el que me involucré hasta los 15 con proyectos míos (sobretodo Pokémon, aunque desarrollé alguna que otra idea). Fue una época en la que también empecé a ser mucho más crítico con todo lo que hacía, por lo que visualizaba mucho más mis errores y no paraba de corregir y corregir. ¿Conclusión? A diferencia de lo que hacía con 10 y 11 años, en este caso no llegué a terminar nada.
Aun así, especialmente pasados los 13 años y tras haber ido comiendo influencias de muchas otras vertientes, empecé a alejarme ligeramente de ese ambiente gráfico. O al menos, sin rechazarlo, busqué nuevos; llegando a los 16 en una especie de unión de todo lo que había hecho (y donde prácticamente me desvinculé artísticamente de ese estilo para centrarme únicamente en el mío).
De todas formas, no es raro que cuando vean un dibujo mío se asocie en parte con Pokémon, especialmente si hablamos de criaturas. Es algo con lo que estaré condenado de por vida por todas las influencias que he recibido (y no tanto Pokémon, sino el manga) Aunque fuera de los prejuicios habituales, no es algo que me moleste en absoluto.
En cuanto al videojuego, con sus más y sus menos siempre lo he disfrutado bastante. Y aunque no me apasiona, ni de lejos, a como cuando tenía 6 años, no es un tipo de juego que vaya a rechazar.












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